El día 15 de noviembre de 1941, el Padre Joaquín fue trasladado a Sonseca (Toledo), una de las parroquias toledanas con más importantes del final de la Guerra Civil Española, en una de las épocas del Padre más difíciles: el sufrimiento de las pérdidas familiares de sus feligreses, asesinados y habiéndoles saqueados sus casas, el Padre se enfrentaba a un período histórico donde el poder estaba en las manos de la venganza de los vencedores de la propia Guerra.
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Imagen de la Parroquia de San Juan Bautista de Sonseca (Toledo).
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Su paso por Sonseca fue providencial: son innumerables los testimonios de epifanías con los más necesitados del pueblo. Por otro lado, las vocaciones sacerdotales aumentaron milagrosamente entre las familias debido al ejemplo de santificación del Padre Joaquín.
La predicación era constante y firme, las cuales movían los corazones de los sonsecanos, llenando la parroquia y teniendo que instalar altavoces en la calle para poder escuchar sus impresionantes homilías.
La presencia de la
Acción Católica Española se intensificó y se formó la rama femenina y la masculina, llegando a reunir hasta 34 parejas de visitadoras de enfermos, una vez que el Padre Joaquín fue trasladado en 1944.
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Imagen de Sonseca el 16 de enero de 1942, en una reunión de la Acción Católica Española.
El Padre Joaquín infundía la figura del sacerdote con respeto y amor profundo, de tal manera que fuese motivo para pedir por ellos más cuando viesen sus flaquezas, en vez de criticarlos.
"Sabía que fundamos sobre el cimiento seguro de Cristo, que es la piedra
angular donde se deben sentar todas las obras de A.C." (Laura Rodríguez).
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Los testimonios afirman que los Via Crucis cuaresmales eran impresionantes, la presencia del Padre Joaquín infundaba a arrodillarse en cada estación sin nada más que importar a los sonsecanos.
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Foto de las calles de Sonseca, el Padre Joaquín junto a sus monaguillos y feligreses.
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Sonseca fue el lugar donde el Espíritu Santo inspiró su gran ilusión de formar una orden religiosa de mujeres que se ocupara a las tareas parroquiales. Esta empresa tuvo su fruto en un grupo de seis mujeres que se instalaron en Madrid, posteriormente, para llevar a cabo su trabajo en las parroquias correspondientes.
"Hirieron al Pastor y se disperaron las ovejas."
(Padre Joaquín González de la Llana)
Las acciones caritativas del Padre Joaquín en Sonseca aún son recordadas por los más mayores: los matirios que se habían llevado a cabo durante la Guerra Civil Española dio lugar a la venganza; el Padre Joaquín llevó una labor de reconciliación, consiguiendo auténticas maravillas y siendo caritativo con los enfermos; llevando a cabo tareas catecumenales entre los jóvenes y mayores; la celebración de los actos litúrgicos; las profesiones; la Adoración nocturna al Santisimo; su vivencia plena del sacerdocio con los seminaristas...
Dios y los hombres eran sus fundamentos, sacrificándolo todo por todos; siempre dispuesto a escuchar y ser obediente al máximo con sus superiores.
"Lo mismo que en Cazorla dejó en Sonseca una prueba extraordinaria de su devoción a Jesús Sacramentado."
(Baldomero Rielves Peñalver).
En Sonseca dejó una bellisima Custodia junto a unos versos poéticos.
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Imagen de la Custodia encargada por el Padre Joaquín junto al manuscrito de un poema escrito por él mismo.
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Muchos son los testimonios vocacionales que inspiró la figura del Padre Joaquín durante su estancia en Sonseca. Todos coinciden en describirlo como: "era un hombre muy inteligente, con grandes dotes de organizador y de líder, que sabia llegar a las masas, pues Dios le había concedido un extraordinario don de palabra. Era austero, exigente e inflexible. Tenía un concepto clarisimo de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo y era fidelisimo en la sumisión y la obediencia a la jerarquía. Su obispo era para él Cristo mismo en la Tierra y a él se sometía, aunque lo machacara." (Testimonio de María de la Blanca García-Ochoa Marín).
Su recta actitud le acarreó multitud de enemistades por no faltar nunca a la verdad, cosa que su presencia no dejó indiferente a nadie: o le querían y le valoraban, o se le odiaba abiertamente; siendo él consciente de lo que suposo la traumática y dolorosa salida de Sonseca hacia Yepes como un humilde capellán de carmelitas, donde acabó sus días con una ceguera, humiliado y desacreditado.
"Aquí estamos hoy dos sacerdotes, DON AMADO Y DON ODIADO."
(Padre Joaquín).
La poesía permitió al Padre Joaquín expresar sus más ocultos sentimientos hacia Dios, mostrando su ternura de un hombre sensible y tierno que le convirtió en un gran poeta de la época.
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| Poema publicado en "Auras Parroquiales" en 1942. |
Sonseca también fue el inicio de algunos milagros que se atribuyeron al Padre Joaquín después de su muerte fruto de su infinita misericordia de Dios, y de la confianza en que el Señor, llegada la hora de su muerte, acogió su alma.
"Bienaventurados seréis cuando os calumnien y os persigan por mi causa, pues de vosotros es el reino de los cielos. "
(Mateo 5:11).