Yepes 1948, en la búsqueda de la paz espiritual en la clausura carmelitana.

 El 29 de julio de 1948, el Padre Joaquín fue trasladado a la localidad de Yepes (Toledo), donde residió hasta el fin de sus días, el 11 de noviembre de 1952. Allí tuvo la tarea de ser el capellán de las Monjas Carmelitas Descalzas del Monasterio de San José. 

Imagen del Monasterio de San José en Yepes.

Su paso por el monasterio de Yepes (Toledo) caló en las monjas carmelitas y en los feligreses de la Parroquia de San Benito Abad de la localidad.


Imagen de la Parroquia de San Benito Abad de Yepes (Toledo).

Son muchos los testimonios que convivieron con el Padre Joaquín hasta su muerte, que tenía un carácter bondadoso, abierto a todas las personas de la localidad, entregarse a la caridad cristiana en los enfermos y ancianos sin diferenciar ninguna clase social concreta.


"El concepto que tomé de él era su santidad."

(Matías Carmona Carrasco)


Su vida transcurrió entre el convento de las carmelitas y la parroquia, ayudando en todas las tareas parroquiales al párroco de Yepes. 

La vida del Padre se volvió a levantar un falso contra él, lo que le supuso no poder impartir el Sacramento de la Penitencia, afirmando: "estaba como desterrado" (María Josefa Alcaide Santiago). Pero todos los testimonios yeperos coinciden en que el Padre era un sacerdote extraordinario que hacia todo aquello que querían los propios yeperos: desde cantar salmos, hasta seguir la liturgia... La parroquia se llenaba para escucharle, en un ambiente de oración y entrega al Señor, así como  su especial preocupación por los enfermos a través de su paciencia y entrega total.


"Nos hablaba mucho del Señor y de la Virgen, y tiene que estar en el cielo porque nos daba unos ejercicios espirituales a las Hijas de María que no queríamos salir de la iglesia, porque tenía un don de palabra que te llamaba, él lo vivía y te lo hacía vivir a ti".

(María Josefa Alcaide Santiago)


Al Padre Joaquín le encantaba la vida de las monjas carmelitas del Monasterio, hasta el punto en que gozaba la propia clausura de ellas: He pasado al Cielo ".


 "Nunca he tenido envidia a las mujeres, pero a las monjas sí que las envidio, no se salgan." 

(Reverenda Madre Priora de las Carmelitas Descalzas, sor Teresa del Niño Jesús de Praga)

Con las monjas se desahogaba en los asuntos con referencia a los sacerdotes, suyas personales... con locura, ya que dirigía a muchos seminaristas, que posteriormente fueron ejemplares en su ministerio.


Foto de la comunidad actual de las carmelitas descalzas del Monasterio de San José en Yepes.

La vida del Padre Joaquín fue muy austera, debido a que todo lo que tenía lo ofrecía a los más necesitados del pueblo. Y solía decir a las monjas carmelitas:


"Debemos hacernos aptos para desempeñar cualquier oficio que la obediencia nos encomiende, que no se utilizan nuestras aptitudes...no importa, por nuestra parte que no quede. Y también: Hay que hacer lo poquito que nosotros podamos, para que Dios haga lo que nosotros no podemos hacer; que el Señor vea nuestro esfuerzo y decirle: Mira, Señor, hemos querido hacer una catedral y nos ha salido una ermita."

(Reverenda Madre Priora de las Carmelitas Descalzas, sor Teresa del Niño Jesús de Praga)


El Padre Joaquín pasaba muchos apuros económicos: se lanzaba a buscar comida para las monjas carmelitas, así como a los monaguillos de la parroquia les daba la limosna de un sermón o de los sufragios; hasta cedía a los monaguillos la pequeña estufa para calentarse en las frías mañanas de Yepes. Estos gestos del Padre Joaquín se traducen en su vocación penitente y de mortificación.

El Padre Joaquín era un enamorado de los santos alegres y humanos que observaba de la imagineria religiosa que favorecían a todos los mortales.

"Llegará un día en que el Corazón de Jesús andará por las calles."

(Reverenda Madre Priora de las Carmelitas Descalzas, sor Teresa del Niño Jesús de Praga)


Era frecuente que se acercase a las celdas de las monjas para observar la gran cruz carmelitana.

"El Cristo de estas cruces debe ser cada religiosa."

(Padre Joaquín)


El Padre Joaquín fue un gran enamorado de la Cruz; la enfermedad le llevó casi a la ceguera, aun así esa idea de perder la vista, por amor a Dios, le entusiasmaba y le llevó a no acudir al oculista.


"Mayor es mi cruz. Era muy respetuoso para con la jerarquía eclesiástica: Los príncipes de la Iglesia, solía llamar a los obispos."

(Reverenda Madre Priora de las Carmelitas Descalzas, sor Teresa del Niño Jesús de Praga)


Su espíritu y amor de Dios se infundía a cuantos le trataba y siempre exhortaba a los fieles, en sus homilías y sermones, al perdón:


"Hay que perdonar siempre, decía, aunque cueste".

(Ha. Paulina de los Dolores, carmelita descalza)


La enfermedad hizo mella en el Padre Joaquín, un cáncer pulmonar, desde  julio a noviembre de 1952, le hizo sufrir mucho hasta la hora de su muerte, pero hasta entonces, las carmelitas pasaron años de la paz y valentía, sin quejarse nunca por los achaques de la enfermedad, que el Padre emanaba. Las monjas creen que el Padre Joaquín murió como vivió, " santamente".


"Junto con el saludo nos dijo que venía a su Betania. Y más tarde: Cuando sea hora, no tengan miramiento conmigo, pueden tratarme como a una escoba que cuando no se la necesita se la pone en un rincón."

(Ha. Paulina de los Dolores, carmelita descalza)


La muerte del Padre Joaquín fue una muerte santa de cruz, como lo hizo el Divino Redentor, sostenido por la  fe, la esperanza y el amor sacrificado.

La visita de un seminarista en el lecho de muerte del Padre Joaquín comentó:


"Para esta hora, cuando más confianza más paz, y para tener esta paz y esta confianza hay que ser buenos durante la vida."

(Padre Joaquín)


Su última misa fue el día de la Asunción de Nuestra Señora, el 15 de agosto de 1952, el Padre Joaquín ya estaba muy enfermo y él era consciente de ello: " ¡con qué alma la dijo!" 

Su obediencia al Prelado fue de rendida obediencia, que profesaba con gran cariño filial, aun cuando no obtuvo nunca las Licencias Ministeriales.


"La única pena que tengo es que el Prelado sufra por causa mía. Nuestro Señor y el Prelado me tienen así con mucha razón."

(Director espiritual en los últimos años de su vida, en Yepes)


Imagen de las Religiosas Hijas del Cenáculo, al lado de la esfera sobre la cual murió el Padre Joaquín.


"Lo llevaban destapado en la caja. Cuando murió le quitaron todo; las carmelitas decían que le quitaron hasta los zapatos como reliquias, las gentes de Sonseca."

(María Josefa Alcaide Santiago)





 





 





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